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viernes, 8 de enero de 2010

Nuevo frente polar

Desde hacía unas dos semanas mi amigo Lorenzo y yo habíamos quedado para ir de caza fotográfica por alguna de las playas del occidente asturiano. Llegado el día elegido teniendo en cuenta las horas de las mareas, nos encontramos en medio del segundo frente polar de este invierno. Desde luego, lo de anular los planes nada de nada y así nos encaminamos para la costa oeste. De camino Lorenzo me da a entender que le gustaría ir de nuevo a Gueirua, no me tienen que insistir mucho para volver a pesar de las visitas ya realizadas. La tarde, fotográficamente hablando, no se podía presentar mejor; las nubes tenían un aspecto tétrico y totalmente cambiante. Nos abrigamos bien, cogemos los paragüas y ..... al agua patos. Una vez en la playa tuvimos una ventana de margen para hacer alguna foto antes de que el viento y una nube empezasen a soltar agua por los cuatro costados. Como siempre, nada mas llegar lo primero es echar una ojeada a una zona del acantilado muy colorida y que suele tener unos chorritos de agua realmente fotogénicos. Es una de las fotos pendientes que tengo en esta playa. Hoy, con el agua que estaba cayendo se notaban muy bien, por lo que hice un par de fotos con un encuadre ya estudiado.

Canon 7D|Sigma 17-70 f2.8-4|1/5s@f10|ISO100

Al poco de estar allí empezó a granizar y a llover con fuerza, asi que no quedaba más opción que resguardarse por algún sitio del acantilado. En ese momento estabamos separados por unos 200 metros en zonas diferentes de la playa, aunque visualmente nos veiamos. Desde mi posición se proyectaba contra los acantilados de la playa del Silencio, y lo más impresionante era ver como en algunos momentos las olas del fondo rompían con una altura equivalente al doble de la de Lorenzo. La mar estaba realmente picada, no paraba llover y de vez en cuando veíamos algún relampago, que con paragüas en mano daba un poco de miedo. Después de un rato grande pudimos salir de nuestras guaridas y reiniciar la fotografía; el cielo estaba espectacular. Se podía ver como zonas nubosas alejadas entre si presentaban diferentes tonalidades. Hoy era el día justo para fotografiar el arroyo que llega a la playa desde el acantilado, las nubes y la cantidad de agua que llevaba era la ideal.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1.5s@f11| ISO100|Polarizador

Como el caudal del arroyo era muy grande la cascada se rompía en varias al verter sus aguas al mar, la escena era realmente mágica. Todo el resto de la tarde estuve concentrado en esta pequeña parte de la playa. Composiciones horizontales, verticales, incluyendo menos nubes, mas nubes ..., la verdad es que casi todas tenían algo de mágico. Para mi gusto la mejor es en formato horizontal aprovechando una enorme masa nubosa que hace de contrapunto al acantilado estriado del primer plano. Por otra parte, la zona más clara del cielo coincidia justo encima de las cascadas del arroyo, como anillo al dedo.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1.3s@f11| ISO100|Polarizador

No esperamos el anochecer y de regreso al coche ibamos disfrutando de la adversa climatología que junto a aquel paraje daba la sensación de estar en un mundo salvaje. El viento del norte erá fortísimo e inclinaba las ramas de los árboles como plastilina. No eramos conscientes de lo que nos esperaba. El agua que nos cayó en la playa, pocos kilometros más allá fue en forma de granizo y nieve. O sea, retenciones en la autopista y viajecito de 3 horas de regreso de casa. Valió la pena, no obstante.

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