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domingo, 27 de diciembre de 2009

Relajada tarde de sábado en El Airin

El pasado sábado hice una nueva visita a la playa de El Airin con la intención de conocer la otra parte que el último día no pudimos visitar. Sobre las dos ya estaba en la playa y antes de nada me puse a comer el bocadillo en una tarde no muy fria, que me supo a gloria en aquel ambiente solitario. Había unas enormes nubes blancas que destacaban contra el azul del cielo y que seguro dentro de unas horas tendrían tonos rojizos preciosos. Como todavía no era el momento de la bajamar no podía pasar al otro lado de la playa, así que me concentré en disfrutar de los pequeños detalles sin ningún tipo de prisa. Desde la posición donde estaba sentando comiendo, ya veía un trozo de acantilado parecido a una cadena montañosa en miniatura, en donde a cada ola el agua inundaba sus múltiples valles. Solo tuve que cambiar un poco la orientación y utilizar una focal de unos 80 mm para aislar la escena del resto del acantilado y confiar en la suerte de hacer click en el momento justo. Bueno eso se tradujo en unas 15 imágenes hasta conseguir la que me gustaba.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/8s@f11| ISO100

Cuando de niño me llevaban a la playa una de las cosas que mas me gustaba ver, era la forma que dejaba el agua al retirarse entre las rocas que sobresalen de la arena. Es como si el mar quisiera dar un abrazo de despedida. Como antes, esta imagen también me llevó su tiempo del que no era consciente de lo rápido que pasaba.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/8s@f11| ISO100

Sobre un trozo abierto de la plataforma rocosa que dejaba la marea al descubierto, de casualidad vi una roca que a primera vista parecía la caperuza de una tortuga que regresaba al mar. Llena de estrias con formas ondulantes y rodeándola, unas coloridas piedras totalmente lisas; caprichos de la naturaleza. Nada más visualizar la imágen ya sabía que me gustaría plasmar el agua que iba y venia en ese punto que parece como estriada, para conjugar con las formas de la roca. Aqui sí que hice intentos. La mayoría de las veces el agua salía con un aspecto sedoso, muy bonito, pero sin formas y no era lo que yo quería. No podía abrir mucho el diafragma pues con la focal de 135 mm que estaba usando no tenía profundidad de foco, y no estaba dispuesto a subir el iso, y además no tenía prisa. Al final la foto me llevo unos 20 minutos, pero me gustó el resultado final, de hecho es mi foto preferida de esa tarde.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/6s@f11| ISO100

A medida que la marea baja, queda al descubierto la plataforma multicolor de esta playa. El azar hace que a veces pequeñas piedras queden depositadas para decorarla.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 0.6s@f11| ISO100| Polarizador

Al moverme para dirigirme a otra plataforma rocosa para seguir buscando pequeños detalles, me tuve que acercar al acantilado, y en un pequeño recoveco y medio en penumbra se veían formas ondulantes y dientes de sierra con una explosión de colorido. Como la roca todavía estaba un poco mojada, tuve que utilizar el polarizador para saturar los colores.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 0.6s@f11| ISO100|Polarizador

Este pequeño trozo del acantilado es realmente multicolor, muy cerca, en las hendiduras de la roca me llamó muchísimo la atención un pequeño grupo de tres piedras encastradas en la pared, y una grande como vigilándolas. El primer plano es muy llamativo, pero el colorido cercano me cautivó tanto que al final he puesto esta imagen.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1.2s@f11| ISO100|Polarizador

Habían pasado ya dos horas, el sol empezaba a ponerse y estaba muy cerca del extremo opuesto de la zona de la playa que quería visitar. Pero la luz empezaba a ser tan guapa que no podía resistirme a volver a fotografiarla. Para empezar, vi un grupos de piedras de tamaño mediano multicolores que parecia que alguien las había puesto para decorar primeros planos. Pues bien, elegí el mejor ángulo y se aprovechó la oportunidad.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/13s@f11| ISO100|Polarizador

En esta parte de la playa hay un tramo de unos 100 metros de piedras lisas y multicolores, ideales para primeros planos

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/20s@f11| ISO100|Polarizador

Sin quererlo ya estaba en el extremo izquierdo de la playa y con una luz preciosa. Como dice Galen Rowell en alguno de sus libros, la fotografía es el arte de pintar con luz, hoy era un buen día para ello. Me moví a un punto donde el monolito del primer plano quedara mas o menos centrado respecto a las moles rocosas de atrás. Con esta perspectiva el reflejo del agua quedaba perfecto, solo echaba en falta el mar en la parte derecha creando con su movimiento un aspecto sedoso. Pero todo no puede ser.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/8s@f11| ISO100|Polarizador

Del anterior punto volví a retroceder, pues en ese momento había una nube preciosa sobre un pequeño promontorio en el mar. Moviéndome entre el acantilado pude colocar el trípode en un ángulo justo para conseguir un reflejo precioso. La coloración del acantilado dan una sensación irreal a esta escena.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/6s@f11| ISO100|Polarizador

Volví a rodear esa piscina natural por otro lado y me encontré con una visión de las rocas del primer plano que me encantaba. Solo tuve que esperar unos minutos a que la nube del fondo se centrara bien en el espacio visual de las paredes del acantilado.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/8s@f11| ISO100|Polarizador

Seguía con la intención de pasar al otro lado de la playa, por lo que volví de regreso pero por la plataforma rocosa que dejaba libre la marea. Los primeros planos que se van encontrando son preciosos por el colorido de la roca y la transparencia del agua que hay entre ellas.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/8s@f11| ISO100|Polarizador

Desde otro punto más en dirección al mar, la roca cambiaba de color de forma continua. Buscando un emplazamiento estable para el trípode, caí en la cuenta de una roca naranja con forma de corazón que había bajo el agua. Un pequeño desplazamiento para que el reflejo de la nube no la eliminará y me encantó la composición.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/8s@f11| ISO100|Polarizador

Una mirada al cielo y me percaté que en dirección este había una masa nubosa con una iluminación preciosa. Inmediatamente me puse a buscar por la plataforma algún primer plano que la realzase de alguna forma. En la zona más próxima al mar había una roca de color azulado que era el contrapunto ideal. Para darle mas realce, simplemente puse el trípode en una posición baja. La roca roja del primer plano fué casualidad.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/10s@f11| ISO100|Polarizador

Volviendo hacia el acantilado me encontré con otro plano precioso de la parte oeste de la playa.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/5s@f11| ISO100|Polarizador

Cuando ya estaba en el lugar de paso al otro lado de la playa, me dí cuenta que no estaba muy fácil, aunque ya en marea baja, la mar estaba muy picada y mantenía las rocas muy húmedas. Primer intento, y pie al agua hasta la rodilla; estaba solo y no era cuestión de tentar al diablo, mejor dejarlo para otro día. Las nubes estaban preciosas por lo que volví a repetir una toma que había hecho dias antes, solo que ahora la iluminación era mucho espectacular.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/4s@f11| ISO100|Polarizador

Estaba en el punto de partida, y dado que no me podía mover más, solo quedaba disfrutar de las últimas luces del día. En la parte alta de la plataforma quedaban muchos pozos de agua que originaban un reflejo de las nubes guapísimo. Estuve buscando alguno grande para situar de primer plano, pero todos eran bastante pequeños o era imposible colocar el trípode.

Canon 7D| Tokina 12-24 mm f4| 1/4s@f11| ISO100|Polarizador

jueves, 24 de diciembre de 2009

Visita con Lorenzo a la playa de L'Airin

Después de esperar varias semanas para hacer coincidir disponibilidades y mareas, por fín pudimos ir a conocer esta playa. Lorenzo, es un excelente fotográfo que abarca muchas temáticas y amigo desde hace ya muchos años. La bajada a la playa es con pendientes poco pronunciadas pero entre muchísima vegetación, incluidos espinos con los que hay que tener cuidado. Como la mayoría de las playas de esta zona es fotogénica hasta decir basta, siempre y cuando se vaya con marea baja. Está partida en dos por un pequeño grupos rocas que no dejan el paso a no ser que esté la marea próxima a la bajamar. Al lado derecho se ve una cascada de agua que cae directamente del acantilado realmente preciosa. Como no podiamos pasar nos tuvimos que limitar solo a la parte izquierda. Mientras hacíamos nuestras primeras imágenes, Lorenzo tuvo una pequeña caida mientras estaba en una zona de los acantilados. Afortunamente, no se hizo daño y todo quedó en un pequeño susto y un pie mojado, pero nos hizo reflexionar sobre lo peligroso que es venir a estas playas solo. En caso de tener la mala suerte de romperse algún hueso, no hay gente a la que avisar teniendo en cuenta la soledad de las mismas, ni cobertura de móvil. Esta parte de la playa es de pequeñas piedras con todo tipo de colorido, ideal para incoporarlas a primeros planos.

Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1/8s@f11|ISO100. Polarizador


Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1/8s@f11|ISO100. Polarizador

A pesar de lo fotogénica que es esta playa, la luz del atardecer era muy pálida incluso las nubes casi no destacaban contra el azul del cielo, por lo que las posibilidades de hacer composiciones llamativas eran muy pocas. En el extremo de la playa hay un una aglomeración de formaciones rocosas guapísimas e impactantes, pero ya no me podía mover entre ellas para buscar una orientación solar.

Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1/8s@f11|ISO100. Polarizador

Caminando cerca del acantilado de casualidad vi dos pequeños troncos sinuosos apoyados en la roca que parecian dos serpientes marinas intentanto llegar a la cima. Cuando me alejé un poco y compuse la imagen con la forma también sinuosa del acantilado, la escena adquiría más fuerza. Parece que danzaban al unisono.

Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1/3s@f11|ISO100. Polarizador

De vuelta al encuentro de Lorenzo me subí a la plataforma rocosa para disfrutar un poco más del paisaje y me encontré que en una rotura de ésta, afloraban unas rocas con un color precioso, casi irreal.

Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1/2s@f11|ISO100. Polarizador

Muy cerca donde llega el sendero que desciende a la playa hay un recoveco en el acantilado que pasa casi desapercibido, con una mancha roja que supongo será debido a la presencia de óxido de hierro, pero que da la sensación que es sangre que emana de las múltiples heridas de la roca. Hice varias composiciones, ésta es una de la que más me gusta por lo policromática de la misma

Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1.3s@f11|ISO100. Polarizador

Muy cerca de ese lugar, había un pequeño lago verdoso que creaba un contraste precioso contra la agitada mar. Lo estático contra lo dinámico. Esta escena tiene que ser mucho mas bonita al amanecer.

Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1/2s@f11|ISO100. Polarizador

lunes, 21 de diciembre de 2009

Atardecer con frente polar en Gueirua

Poco antes de comer estuve observando las imágenes del satélite Meteosat, en ellas se veían como las nubes penetraban directamente del norte, pero la masa nubosa estaba rota, formando grupos aislados. Sinónimo de buenas puestas de sol. En realidad, no venía aquí, pero cuando estaba cerca de esta playa y ví el atardecer que se avecinaba no pude reprimir la tentación de volver una vez mas. Al borde del acantilado, la vista a lo largo de la costa con las nubes, era de película, al estilo del Señor de los Anillos, que belleza. A medida que bajaba la sensación de frio crecía, pues el viento empezaba a soplar un poco, ya en la aldea cercana había 3ºC unos minutos antes. Como en otras ocasiones no había nadie por allí, con el cielo de esa tarde la sensación de tierra primigenia era real. Fuí directo a un punto que me encanta, hoy con esas nubes me dejaba como hipnotizado.

Canon 7D| Tokina 12-24 f4|1/5s@f11|ISO100

Como la marea ya estaba llegando a la pleamar, fuí a la zona de las cascadas del abundante arroyo gracias a las lluvias de estos días, antes de que desaparecieran. Esta tarde la luz era impresionante, pero poco a poco la masa nubosa se retiraba hacia el oeste quedando el cielo totalmente despejado.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/2s@f11| ISO100

En poco mas de media hora, el cielo quedó totalmente azul, sin una nube, excepto en el horizonte donde algunas permanecían preludio de un excelente atardecer si se quedaban allí.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/3s@f11| ISO100

Me tuve que ir antes de anochecer pues ya no aguantaba el frio, por confianza no fuí bien abrigado. Ya de regreso, las nubes tenían un color naranja precioso. Cuando llegaba al coche y miré para atrás eran de color rojo, algo increible. El problema es que estaba tiritando.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/2s@f11| ISO100

domingo, 20 de diciembre de 2009

Primera nevada en el prerromanico de Oviedo

Mientras desayunaba me estaba recreando con los copos de nieve que en ese momento estaban cayendo sobre Oviedo. Un sábado por la mañana, sin tener que trabajar, las condiciones ideales para disfrutar viendo como la nieve cubría los coches y hacía aparecer las primeras rodadas de la calle. Me fuí al otro lado de la casa, desde donde puede ver la falda del Naranco y concretamente Santa María del Naranco. La luz en ese momento era preciosa, sin pensarmelo dos veces bajé a por el coche y salí a toda prisa. La carretera de acceso estaba cortada por lo que tuve que dejarlo a unos 700 m de San Miguel de Lillo. Según subia dejaba de nevar y esa luz fantasmagórica que antes veía empezaba a desaparecer. Cuando llegé ya estaba despejando, pero todavía me dio tiempo a tomar una imagen que tenía visualizada de otras ocasiones, aunque sin el encuadre que a mi me gustaría pues empezaban a verse trozos de cielo azul.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/30s@f11| ISO100

El emplazamiento de San Miguel de Lillo es en mi opinión realmente bello, especial. A Ramiro I también le debió encantar el lugar, a la vista de su empeño de la constrrucción del edificio en este emplazamiento. No se entiende sino como es posible levantarlo en un terreno arcilloso y cerca de un riachuelo que podía comprometer su conservación en el futuro. Parece ser que a lo largo del tiempo ha sufrido algún hundimiento. Hoy en día su conservación es pésima, a pesar de ser declarado como Patrimonio de la Humanidad. Como en tantas otras cosas, parece ser que es más "rentable" invertir el dinero público de todos en el "beneficio" de unos pocos.
La nube ya había pasado y empezó a salir el sol, así que me estube recreando un rato en la visión del edificio. Lo suficiente como para que llegara un soplo de niebla, tan frecuente en este lugar, que envolvió el edificio en un ambiente mágico. Había bastante gente por los alrededores por lo que no tenía muchas posibilidades de encuadre, esto me obligó a centrarme en el edificio. La luz a penas duró unos pocos minutos.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/50s@f11| ISO100

De regreso, cuando el sol ya empezaba a asomar entre las nubes, estuve un poco esperando a ver si el sol iluminaba esta escena. De ser así, obligaría a bajar la exposición con lo que el fondo quedaría más oscuro y el edificio de Santa María del Naranco destacaría mucho más. Pero no hubo suerte.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1/160s@f10| ISO100

sábado, 12 de diciembre de 2009

Gueirua en compañia de Juan

El día anterior a la visita, recibí una llamada de Juan (www.juanriera.net) preguntándome por la localización exacta de la playa. Ya eran casi las cuatro de la tarde, una hora muy inusual en jornada laboral para recibir llamadas de él teniendo en cuenta su horario de trabajo. Claro, resulta que tenía unos días de vacaciones, ese día no podía acompañarlo pero el caso es que me costó muy poco convencerle que ya era muy tarde para llegar allí al atardecer. No podía tener mejor disculpa para volver al día siguiente y encima en excelente compañia, la verdad es que esta vez fuí muy rápido de reflejos. Quedé con él nada más salir de trabajar y para allá fuimos, la verdad que con pocas expectativas. El día estaba totalmente despejado, sin una nube, y los enormes reflejos que había sobre las rocas de la playa conforme la marea se retiraba, hacía imposible encontrar algún rincón guapo. Estaba claro, una vez más y van dos, que había que concentrarse en los pequeños detalles. En el extremo izquierdo de la playa existe un tramo de acantilado realmente lleno de color. En algunas de las paredes parece que cuando el agua marina las cubre, en lugar de humedad, deja esmalte sobre la roca. El efecto visual del reflejo es de lo más sugerente, aunque en esta foto utilicé un polarizador para resaltar un poco el color. También incluí un pequeño grupo de piedras para dar escala y perspectiva a la foto.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 2.5s@f11| ISO100

En esta zona, y mientras me fijaba en la cara de sorpresa de Juan escudriñando la playa, se pueden ver además muchas oquedades rellenas de agua. Tal parece que la policromática piedra quiere formar preciosos altares naturales en honor de la diosa agua.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 2.5s@f11| ISO100

Como esta zona ya la conocía bien dejé a Juan aquí, y me dirigí a la playa contigua, que no conocía, y que con la marea baja estan comunicadas. Conforme caminaba procuraba no fijarme mucho en todo el acantilado que se atraviesa, pues sino no hay forma de avanzar. No obstante no pude resistirme a esta roca descansando en una piscina de agua tan transparente que casi no se le veía.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1.6s@f11| ISO100

Al principio de la otra playa hay un tramo de acantilado sencillamente espectacular incluyendo, como no, color por todos los lados. Este tramo con una luz apropiada puede ser impresionantemente fotogénico. A pesar de la pésima luz, no pude resistirme a esta toma que parece el pie de un gigante pétreo.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 2.5s@f11| ISO100

Y esta entrada, ¿a donde conduce?

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 2.0s@f11| ISO100

Desde el punto de vista paisajístico ésta imagen es lo único que de si dio la tarde, nada destacable.

Canon 7D| Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6| 1.0s@f11| ISO100

martes, 8 de diciembre de 2009

Obsesión Con Gueirua

Debo reconocer que fotografiar esta playa empieza a ser una obsesión para mi. Mi mujer, un poco mosqueada ya, me pregunta si no será otra a quién en realidad le busco las mejores luces. Días atrás aqui en Asturias estuvo lloviendo muchísimo, motivo por el que estuve dándole vueltas a la captura de nuevas imágenes del arroyo que llega a la playa. Así que para allá me fuí de nuevo, y ya van tres. La cascada estaba realmente espectacular, guapísima, pero la luz del atardecer era asquerosa, totalmente mortecina. Confiando en que fuera cambiando a lo largo de la tarde, con la esperanza que se pudieran resaltar más los cálidos tonos de la pared donde se forma la cascada, me dirigí a la plataforma rocosa que aún estaba libre. Como en la playa del Silencio, uno puede estar cien veces, y en cada visita encontrar nuevos motivos que no había visto hasta ahora. Esto fué lo que ví nada más llegar a la plataforma, no sé si estaría ahí otras veces, pero era realmente llamativa y guapa esta piscina llena de colorido. Probé la composición vertical, pero no destacaba tanto al no verse toda esa "alfombra petrea", así que volví a encuadre horizontal. Hice uso de un filtro degradado, para resaltar un poco el asqueroso cielo nublado.

Canon 7D. Tokina 12-24 f4. 1/5s@f11, ISO100

En las mismísimas entrañas de las moles rocosas que surgen en la playa es muy frecuente encontrar pequeñas piscinas llenas de vida, sobre todo vegetal. Esta me llamó particularmente la atención, pues parece que está adrede, como para proteger algo muy valioso. El viento movía el agua del primer plano con lo que no destaca la transparencia de la misma.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1s@f11, ISO100

Cresteando en dirección al mar pude tomar unas imágenes de una pequeña zona llena de color, para acentuarlo puse el polarizador. Esta pequeña zona era motivo de más imágenes pero la marea ya estaba ahí.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f11, ISO100

Cuando vi esta imagen lo hice desde un punto de vista más elevado que éste, y realmente esa masa petrea parecía un tobogan embutido por paredes rocosas. El problema es que era imposible colocar ahí el trípode y tuve que bajar un poco perdiendo algo de perspectiva. A pesar de eso me gusta esta foto.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f11, ISO100

Cuando la marea lo permite, uno puede caminar entre los "valles" que surcan cual laberinto toda esta plataforma. Así se pierde mucha perspectiva sobre la playa, pero a veces se pueden encontrar detalles como éste, que desde la parte superior no se perciben. Os aseguro que la piedra del primer plano no la pinté para la foto.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f11, ISO100. Polarizador


Como la cascada, esta parte del acantilado tiene que quedar guapísimo con abundante agua. Hoy había más que otras veces, pero no lo suficiente. En cualquier caso no pude resistirme a tomar una imagen.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1.3s@f11, Polarizador, ISO100

La tarde se echaba encima y era cuestión de aprovechar las mortecinas últimas luces para hacer algunos primeros planos de la cascada. Realmente es increible el colorido de la pared, uno lo ve y no lo cree, sobre todo cuando la miras a través del polarizador para eliminar parte del reflejo en la roca. Hice tres composiciones, en la primera quería resaltar todo esto que os comentaba y por esta razón llevé la cascada hacia la izquierda para dejar despejada toda esa policromía de colores.

Canon 7D. Tokina 12-24 f4. 1s@f11, polarizador, ISO100

Subiendo como pude a una de las crestas del acantilado, pude adoptar una vista un poco más elevada para hacer un encuadre vertical, pues veía que estéticamente era mucho más bonita. Personalmente me encanta esta imagen, parece algo irreal, pintado.

Canon 7D. Tokina 12-24 f4. 1.5s@f11, polarizador, ISO100

Aprovechando ya las últimas luces, me fuí al acantilado con la intención de integrar las cascadas en la vista de esta parte del litoral. La luz del atardecer no permitía juego de nada, pero la mar estaba realmente picada, así que disparé un montón de fotos hasta captar una en la que se ve una ola de gran longitud rompiendo. Me encanta el efecto escénico que da a la imagen.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1.6s@f11, Polarizador, ISO100

Por el acantilado que da acceso a la playa pasa el arroyo que luego forma la cascada. Este punto está hecho para la fotografía, y con buenas luces se pueden conseguir imágenes extraordinarias, pero hoy no era el día.

Canon 7D. Tokina 12-24 f4. 2s@f11, polarizador+degradado, ISO100

Lo mejor del atardecer de hoy es que por lo menos no llovío, por lo que pude hacer alguna foto de larga exposición. De vuelta al coche, en el punto más alto del acantilado, la vista que se tiene de esta parte de la costa diría que es sublime, salvaje, díficil de ver hoy en día. Lo único artificial que se puede ver es la luz del faro de Vidio.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 20s@f10, Polarizador, ISO100

domingo, 6 de diciembre de 2009

Minimalismo en la playa de Gueirua

Después de las últimas lluvias caidas por estas tierras, tenía la esperanza de que el arroyo que cae a la playa de Gueirua llevara más agua que en mi última visita. Llegado a la playa ya pude comprobar que mi gozo en un pozo, y para empeorar las cosas la luz del atardecer era la típica mortecina de Asturias. Así que para aprovechar la tarde tuve que cambiar de estrategia sobre la marcha. Pensé que hacer primeros planos sería lo más provechoso. No es esta playa la ideal para esto, cerca está la playa del Silencio y su explosión de colores en este tipo de tomas. Como todavía faltaba como una hora para la pleamar, y ya que estaba en el lado izquierdo de la playa, me fuí para la plataforma rocosa de esta zona. Es muy pequeña y da acceso a una reducida cala de piedras. Ahí se puede ver un trozo de acantilado con un colorido muy atractivo, simplemente me moví un poco a la derecha para colocar la piedra naranja en el encuadre y dar mas colorido a la imagen global.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f10, ISO100

Es increible la cantidad de detalles que el ojo pierde si no se concentra en la búsqueda, estamos tan acostumbrados al constante bombardeo visual que rápidamente se pierde la capacidad de selección. Estuve haciendo varios "barridos" visuales y no me había percatado de este pequeño ojo.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f10, ISO100

En la parte del acantilado donde cae el arroyo se forman pequeñas cortinas de agua, que con el suficiente caudal debe dar lugar a composiciones muy bellas. Pero hoy no es el día mas apropiado, sin embargo, el atractivo del fuerte color de las paredes del acantilado me hace buscar algún encuadre guapo.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f10, ISO100

Caminando lentamente y disfrutando de las múltiples formas de las rocas, me llamó la atención dos pequeños huecos de la plataforma rocosa rellenos de materiales realmente dispares. Lo más pesado está abajo, lógico no. Aqui utilicé un polarizador para eliminar el fuerte reflejo del agua y que le daba una tonalidad muy azulada proveniente de las nubes.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/4s@f10, ISO100

Desde esta posición y mirando al oeste, vi este encuandre que enseguida me di cuenta que con el agua al fondo quedaría muy guapo. Era cuestión de esperar el momento adecuado.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f10, ISO100

Desde otra posición vi una imagen que con una focal media/larga aislaban los detalles circundantes para dar la sensación de animales bebiendo del agua. Como aquí la marea ya azotaba mucho tuve que esperar la oportunidad de que las olas no taparan las rocas.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f10, ISO100

Es curioso, pero conforme la tarde transcurria cada vez me era más fácil ver bellos encuadres. Este es el resultado de un buen montón de tomas hasta conseguir el adecuado. Es mi imagen preferida de la tarde.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1.6s@f10, ISO100

Había pasado por la zona de esta imagen un par de veces a lo largo de la tarde y no me fijé en lo bello de las formas ondulantes de la roca. El problema es que para resaltarlas no entraba en el encuadre esa mancha naranja de la roca tan llamativa. Así que recompuse la escena a toda leche pues una ola ya me había dado un aviso. Solo pude hacer dos tomas antes de salir de allí con las botas empapadas y que así estuvieron hasta llegar al coche.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1.3s@f10, ISO100

En el alto de una de las crestas rocosas se veia en el fondo un trozo de roca preciosa que estaba a punto de engullirla la marea. Como aquí estaba a salvo de las olas, estuve disparando muchas tomas, más de 20, hasta conseguir la que me gustó. Utilicé un polarizador para eliminar el brillo del agua sobre la roca y resaltar el color de ésta.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1s@f10, ISO100

Moviéndome por las cresterias del acantilado me fijé en un pequeño "valle" formado por dos tipos de rocas totalmente diferentes. El de la izquierda era de roca negra, sin detalles y que al final no incluí en el encuadre. Me quedé solo con la parte derecha esperando que las olas taparan de blanco el fondo, en tres o cuatro intentos lo conseguí.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1.3s@f10, ISO100

La posibilidad de ir cresteando ya se estaba acabando por la llegada de la pleamar, de retirada hacia la playa me llamó mucho la atención esta imagen. Como aquí estaba a salvo de las olas estuve esperando el momento adecuado, que por cierto fueron más de 15 minutos.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 8s@f10, ISO100

Conforme iba haciendo las fotos anteriores, de vez en cuando levantaba la vista para ver como transcurria el atardecer. Ninguna luz interesante, salvo unos 5 minutos a media tarde cuando el sol salió entre las nubes para iluminar los imponentes acantilados de la playa del Silencio que se ven al fondo.

Canon 7D. Tokina 16.5-135 mm f3.5-5.6. 1/2s@f10, ISO100